La entrevista y Teilhard

Joaquim Gomis
No es porque uno fuera ningún experto en la cuestión. Quizá simplemente porque los otros lo eran menos. Sea como sea, hacia los años 60 y 70 me tocó asumir la gerencia de una pequeña editorial religiosa, el Centre de Pastoral Litúrgica (CPL, cepelín para los amigos), que pronto dejó de ser pequeña y fue creciendo superando todas la expectativas. Y así sigue. No, el mérito no fue del gerente, pero bastaba estar atento al mejor fruto del Concilio. Que sin duda fue la renovación litúrgica. Mejor fruto porque fue lo que más llegó al pueblo, el signo más popular del cambio. El primer domingo de cuaresma del año 1965 los cristianos que acudían a misa con la sana rutina dominical se hallaron ante un sorprendente cambio: el cura ya no actuaba de espaldas sino dando la cara, no les hablaba en latín sino en su lengua propia, subían laicos a leer lecturas de la Biblia –“parecemos protestantes” me comentó el sacristán – , se daba la comunión en la mano.
Todo ello implicaba un muy notable cambio en la infraestructura eclesiástica. La primera preocupación de muchos párrocos fue instalar un altar desde el que pudieran celebrar de cara al pueblo. Los párrocos suelen ser personal eficaz y poco les costó instalar el nuevo altar. Pero más complicado era tener que preparar cada domingo una homilía distinta sobre textos bíblicos que muchas veces nunca se había leído públicamente, escoger entre la variedad de oraciones que ofrecía el nuevo misal, renovar el modo de celebrar bautismos, bodas o entierros, etc. El éxito del CPL fue saber ofrecer material práctico para abrirse camino en la nueva situación, para reaprender a celebrar según la nueva liturgia. Es quizá lo más meritorio que he hecho en mi vida. Sin ser ningún especialista en liturgia, acerté en unir el prestigio y los conocimientos de los fundadores del CPL, entre ellos sobre todo Pere Tena, con el trabajo sencillo y popular de un buen grupo de seminaristas o jóvenes sacerdotes, algunos tantos años después siguen en trabajos semejantes. El resultado más exitoso fue Misa Dominical¸ unas simples hojas multicopiadas, primero solo en catalán, luego también en castellano, después difundidas o copiadas por América Latina. Hubo curas que si no les llegaba a tiempo se sentían perdidos y enviaban algún laico a buscar un ejemplar. Lo positivo fue que ayudó a difundir un modo sencillo y popular –es decir, evangélico– de celebrar.

El gerente debe seleccionar
Ya dije que fui gerente sin preparación. Suerte tuve de la inmensa buena voluntad de quien asumía el trabajo administrativo de cada día, sobre todo de la misionera secular vascocatalana Josebe Bikandi, que llegó al CPL para realizar una suplencia y allí se quedó hasta su jubilación, como aportación máxima –máxima sencillez y máxima dedicación– al trabajo de la casa, sin inmutarse ni cuando dos forzudos policias irrumpieron en nuestro modesto local para proceder al secuestro de un número de la revista Phase que había cometido el grave pecado de hablar sobre las comunidades de base.
Sin preparación y muchas veces solo ante el peligro. Por ejemplo, cuando se trataba de seleccionar personal. La mayoría pertencían al mundo eclesiástico, religioso. Pero llegó el momento de incorporar personal seglar. Lo recuerdo perfectamente aunque fuera a principios de los 70. Para confeccionar Misa Dominical precisábamos de alguien experto para preparar los originales antes de llevarlos a la multicopista. Vino un poco casualmente una joven ajena al mundo clerical o religioso, de familia trabajadora y parecía que con buena preparación técnica. Un servidor no sabía cómo conducir la entrevista. Se me ocurrió preguntar cuáles eran sus lecturas recientes. Y salió Pierre Teilhard de Chardin (por cierto, mal pronunciado). Sorpresa mía. En aquellos tiempos Teilhard era la vanguardia, el profeta, de una nueva visión que unía cristianismo con modernidad. Mal visto en las alturas jerárquicas, no fácil de leer, seductor de quienes deseabamos una nueva perspectiva de futuro.
Teilhard, ya entonces difunto, apenas publicado, perdería después muchas batallas. Sobre todo el pasar de pensador de moda al olvido. Ignoro por qué. Preparo unas páginas de la revista hermana Foc Nou para buscar respuestas (aunque constato que los redactores jóvenes nada saben de él). Me gustaría ayudar a “resucitar” Teilhard. Entonces me decidí a contratar aquella joven desconocida porque compartíamos la devoción por Teilhard. Aquella batalla la ganó. Y no me arrepentí

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