Doble perspectiva

Miguel Lirio
Al redactar esta colaboración, me sale la doble personalidad que tengo oculta: la del trabajador, pero también la del director con una responsabilidad empresarial y, por consiguiente, ante el grupo de personas que trabaja en una empresa.
Como trabajador que inició su periplo laboral justo en la transición, la reforma me transmite la sensación de haber perdido en un día lo que se consiguió en tres décadas, convenio tras convenio, reunión tras reunión; toda una lucha de reivindicaciones para tratar de igualarnos a Europa. Ahora, para contentarla, tenemos que aplicar esta reforma.
Se me plantean varias cuestiones: ¿cuánto vale mi puesto de trabajo? ¿Quién va a luchar ahora por mejorar la situación laboral? ¿Realmente era necesaria esta reforma en la situación actual? ¿No habría sido más fácil tomar medidas puntuales que no la actual reforma?
Mi otro yo me dice que necesito medidas urgentes para volver a equilibrar balances y presupuestos. Me encuentro con una reforma laboral que, una vez estudiada, no me da ninguna solución a corto plazo para este año, sino para los próximos ejercicios.
Esta reforma no puede dejar contento a nadie que tenga la necesidad de medidas urgentes. Sin embargo, para el futuro queda claro que son unas medidas de las que tarde o temprano se beneficiarán los empresarios para crear puestos de trabajo con menores prestaciones sociales.

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