¡Qué escándalo!

Álvaro Pombo
Jesús de Nazaret haría lo mismo que hizo en su época: escandalizarse. Le escandalizaría el desamor con que hoy en día, enfangados en nuestra lábil individualidad, nos reconocemos y no nos amamos. Le escandalizarían los poderosos y los prepotentes. En cambio no le escandalizó María Magdalena y tampoco lo haría hoy en día. El escándalo de Jesús no sería el escándalo de los hipócritas sino el de los limpios de corazón. Recuerdo el tono escandalizado de la voz de uno de los jesuitas de El Salvador diciéndonos que vivíamos demasiado bien en el primer mundo, que teníamos demasiado de todo. Y recuerdo que yo le dije: ¿pero no son los pobres y la pobreza escandalosos en sí mismo? ¿No debe la pobreza ser abolida de inmediato? ¿Qué se quiere decir cuando se dice que los pobres son los vicarios de Cristo? ¿No era el Papa el vicario de Cristo? En qué quedamos ¿los pobres o el Papa? Jesús estaría en el lugar de la acción compasiva ¿y qué lugar es ese? Madrid está lleno de lugares así. Jesús no vocearía en las plazas y no quebraría la caña quebrada. Jesús pasaría desapercibido hoy en día en Madrid como lo hacen las hermanas franciscanas que encarnan su espíritu y se ocupan de los drogatas de mi barrio. Dicen los filósofos que Dios ha muerto, ¿ha muerto Jesús de Nazaret también con Dios? Jesús de Nazaret aparece hoy día en pleno silencio de Dios, es decir, en el vacío de lo sagrado nos queda su palabra como única hierofanía.

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