Pasado y presente

Alexis Rodríguez-​Rata
En las relaciones internacionales siempre es aconsejable una cierta dosis de perspicacia. También al hablar de Siria. Cuando dudamos sobre qué puede hacer la comunidad internacional por los sirios (que en el fondo es lo que importa), la visión occidental se asocia a una intervención “decidida” en favor de la paz, la democracia y el respeto a unas reglas básicas de convivencia. Desde el este (Rusia y China) se ve muy diferente: como una ficha más de un dominó en el que el resultado final se mide en términos de ganar o perder, en el que Occidente quiere jugar sus cartas, y en el que los “nuevos” grandes temen verse una vez más ignorados y perjudicados.
Y no se equivocan del todo. Los rusos, como hacían los soviéticos hace unas décadas, y como también hacen los chinos hoy, ven un mapa distinto al que vemos nosotros. Se sienten rodeados. En un planisferio, ven y palpan la cercanía del poderío militar estadounidense. En un mundo en el que ya no se lucha por la hegemonía ideológica –el capitalismo domina – , la estrategia energética tiene mucho que decir. Nadie quiere perder.
La política internacional todavía es un juego de fuertes contra débiles, a pesar de Naciones Unidas. La democracia importa lo mínimo. La realpolitik, como se le dice, es la que manda. Y entonces la prioridad pasa de centrarse en los sirios a Siria.
La responsabilidad personal, humana, está y debe estar con los sirios. Pocos se oponen a ello. Pero cuando hablamos de Siria, el discurso cambia. Quizás el primer paso sea cambiar lo que entendemos por “comunidad internacional”, y así quizás empecemos a afrontar un mundo global como lo que es: una responsabilidad común.

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