Geografía e historia

Luis Alberto de Cuenca
Lo tengo muy claro: para mí eso de la “cultura general” se reduce a dos ciencias humanas cuyos nombres aparecen hoy enmascaradas por la LOGSE y sus atroces secuelas educativas, pero que en mi época se llamaban así: Geografía e Historia. Sin unos mínimos, que ojalá fuesen máximos, conocimientos del espacio y del tiempo en que se inscribe la epopeya humana (a la que podíamos también considerar novela picaresca si hablásemos sin énfasis), uno no puede considerarse culto.
La cultura general consiste, para mí, en saber situar un personaje, un acontecimiento, una obra de arte, en su contexto geográfico e histórico. Eso era posible cuando los bachilleratos eran sólidos e insistían en ello. Cuando la Geografía y la Historia tenían nombre, y no esos ridículos marbetes, “Conocimiento del medio” y “Ciencias sociales”, con que las han disfrazado, de forma vejatoria, los pedagogos. Y no estoy reclamando que nos sepamos de memoria la lista de los reyes godos (que también: es una excelente manera de irse entrenando para los alzheimer futuros), pero sí que conozcamos con cierta precisión el mapa del mundo y el mapa de nuestro deambular cronológico por el planeta desde que nos convertimos en seres humanos hasta nuestros días. Antes nos incitaban a utilizar a la vieja Mnemósine con una insistencia que podía resultar enfadosa, pues el uso de la memoria no siempre iba acompañado del uso del raciocinio. Pero de ahí a la absoluta ignorancia en relación con el dónde y el cuándo de nuestra especie, que solo frecuentando a Mnemósine puede ser superada, va un trecho demasiado largo.
Historia y Geografía: pilares básicos de la cultura general. Y para todo el mundo. Si se extendiera, a través de unos planes de estudio pertinentes, esa cultura general, otro gallo nos cantaría. Y con mejor tono.

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