El verdadero desafío es innovar

Jorge Yutronic
Los recursos naturales se han convertido en una paradoja en varios países. Es evidente que la vida de los seres humanos depende de su existencia en calidad y cantidad suficientes. No obstante, muchas naciones en que abundan, en particular en Hispanoamérica, no proveen suficiente bienestar a su población. En contraste, países con escasos recursos naturales, como Japón, tienen una calidad de vida avanzada de acuerdo a los estándares actuales en la sociedad global.
¿Cómo interpretar estos hechos? Varios políticos, economistas, sociólogos y otros especialistas arguyen que el exceso de recursos naturales no promueve adecuadamente la innovación y el emprendimiento en la población, ya que logra su subsistencia básica con poco esfuerzo, aunque sea precaria. Más aún, cuando esos recursos naturales son exportados masivamente provocan una depreciación de la divisa, lo que tiene un efecto negativo en la exportación de productos con mayor valor agregado y, por consiguiente, desincentiva aún más la creatividad.
Todas estas afirmaciones son verificables y tienen fundamento. Pero solo corresponden a una visión parcial de la realidad observable en el mundo.
Hay varios lugares en el planeta en que la abundancia de recursos naturales coexiste con otras formas de creación de riqueza significativa. Uno de esos lugares es California, región en la cual se han desarrollado con liderazgo mundial las tecnologías de la información, la industria del cine y varias otras actividades económicas y culturales relevantes, además de las industrias en recursos naturales, en particular la agroalimentaria. Ahora bien, desde la perspectiva de las naciones con pocos recursos naturales, varias de ellas persisten crónicamente en su pobreza sin encontrar la senda del desarrollo.
Entonces, la construcción de la riqueza y bienestar de los pueblos no se sustenta necesariamente en disponer o no de abundancia de recursos naturales. En cambio, sí se sustenta en la cultura de los pueblos y en su actitud para abordar los desafíos del entorno.
Hay elementos culturales que inhiben o retardan el emprendimiento y la innovación de las personas, tales como: la aversión al riesgo, la afrenta del fracaso, la burocracia excesiva, la corrupción, la escasa educación. También hay elementos culturales que los favorecen. La cuestión es que unos y otros no están igualmente expresados en los diferentes países.
¿Qué cambios se pueden generar para crear más riqueza y bienestar basados en las capacidades e iniciativas de las personas y no solo en los recursos naturales? Es una cuestión central en el debate actual sobre el desarrollo de las naciones en América. Desde esta perspectiva han empezado a surgir importantes renovaciones en las políticas públicas, por ejemplo en países como Brasil y Chile, en que parte de los ingresos provenientes de las exportaciones en recursos naturales se están invirtiendo en formación de capital humano avanzado y en fortalecimiento de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación. En esta dimensión, el desafío es aumentar y sustentar estos cambios en el tiempo, hasta que superen los umbrales críticos y produzcan los resultados esperados, en particular en aumentos significativos en la generación de productos y servicios con valor agregado relevante y empleo calificado bien remunerado. Este desafío es intensivo en desarrollo y aplicación de capacidades y competencias humanas, más allá de los recursos financieros que son disponibles por los excedentes de las exportaciones de recursos naturales.
Ahora bien, desde la perspectiva de la evolución de la economía a escala global, es necesario señalar una cuestión crítica: las industrias de los recursos naturales no son sustentables ni competitivas en el mediano y largo plazos sin una adecuada tasa de investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación. Por ejemplo, la minería característica de la región andina requiere de avances significativos para abordar desafíos como los siguientes: disminución de las leyes de los minerales, escasez del recurso agua, aumento de los costos de energía, acceso a lugares lejanos y con condiciones cada vez más hostiles de trabajo, respeto del medio ambiente. Algo similar ocurre con las industrias agroalimentarias, forestales y de energía.
En síntesis, los países que tienen su producción principal basada en recursos naturales están obligados a abordar los respectivos desafíos tecnológicos. Para ello deben combinar la transferencia tecnológica desde otros países con los propios desarrollos locales, ya que ha quedado en evidencia que varias de las tecnologías necesarias no están suficientemente desarrolladas a nivel internacional. Esto ocurre en tecnologías de la información, en comunicaciones, en procesos productivos ambientalmente sustentables, en robótica industrial y minera, en biotecnología y otros campos de avanzada.
El desafío es, entonces, participar activamente en la producción de estas nuevas tecnologías, que generará las bases para sostener a las industrias de recursos naturales, pero también para apoyar a otras industrias valiosas para la sociedad del conocimiento. Esto ya empezó a ocurrir en algunos países de la región, aunque todavía en una escala incipiente para la magnitud de las necesidades proyectadas.
Independientemente de las incertidumbres del mundo moderno y de la volatilidad en diversos ámbitos en particular el laboral, está claro que los seres humanos necesitamos recursos naturales de calidad para vivir dignamente. Aquellas naciones que puedan suministrarlos sustentablemente y, a la par, desarrollar otras industrias y actividades valiosas para el bienestar y riqueza de su gente, están en posición de hacer una gran contribución. El verdadero desafío es saber actuar frente a tales circunstancias y en esto hay mucho que aprender en América.

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