En busca del empleo perdido

Pere Escorsa
Las autoridades europeas nos dicen que España decrecerá este año un 1 por ciento. Rajoy avisa que será peor: nuestro PIB disminuirá un 1,7 por ciento. De Guindos advierte que la situación económica va a deprimirse todavía más. Se estima que este año perderemos 630 mil empleos, llegando a un 24,3 por ciento de paro respecto a la población activa, una cifra terrible. Uno de cada cinco hogares vive ya por debajo del umbral de la pobreza. Mientras tanto, el nuevo Gobierno ha tomado algunas medidas urgentes: las subidas del IRPF y el IBI, encaminadas a reducir el déficit público, la reforma del sistema financiero, para dar solidez a los bancos, y la reforma laboral, cuyos efectos sobre el empleo se verán solo a medio plazo. Ninguna medida directa para fomentar la ocupación. Angela Merkel ha bendecido estas medidas, que encajan en su línea de contener los déficits y las deudas antes que impulsar cualquier política de crecimiento.
La creación de nuevos puestos de trabajo nunca ha sido fácil. Recuerdo una conferencia en Barcelona, en 1980, del Premio Nobel de Economía Wassily Leontief, en la que mostraba su preocupación por el escaso número de empleos que generaban las grandes inversiones. Como ejemplo mencionaba que una nueva fundición de cobre en Utah, que había costado 450 millones de dólares, ocupaba solamente a 50 obreros. Evidentemente estas grandes inversiones en fábricas muy automatizas no son el camino apropiado para resolver el problema del paro. Hoy añadiríamos los problemas derivados de la competencia de las manufacturas asiáticas, elaboradas por una mano de obra muy barata.
Pero, ¿no se puede hacer nada a corto plazo? ¿Es posible encontrar posibles empleos que no requieran grandes inversiones? En 1993 la Comisión de las Comunidades Europeas elaboró el informe Crecimiento, competitividad y empleo. Retos y pistas para entrar en el siglo XXI, conocido también como Informe Delors, en el que se hablaba por primera vez de los yacimientos de empleo. Estos yacimientos están formados por actividades destinadas a satisfacer nuevas necesidades sociales, intensivas en mano de obra sin requisitos especiales de cualificación, y generalmente de ámbito local. A partir de este documento, en 1995 la Comunidad Europea dividió estos yacimientos en cuatro grandes apartados: “servicios para la vida diaria”, “mejora de la calidad de vida”, “servicios culturales y de ocio” y “protección del medio ambiente”. Algunos añaden el deporte y las energías renovables.
Los servicios para la vida diaria incluyen tareas como los servicios a domicilio, principalmente dirigidos a personas de edad avanzada, el cuidado de los niños (guarderías, canguros), la ayuda a los discapacitados o a los jóvenes con dificultades de inserción. Los servicios para mejorar la calidad de vida comprenden la mejora de la vivienda y también los comercios de proximidad. Se considera que la rehabilitación de viviendas permitiría dar trabajo a muchísimos parados procedentes de la construcción. Los servicios culturales y de ocio abarcan el turismo, la valorización del patrimonio cultural y el desarrollo cultural local. Por último, los servicios medioambientales incluyen la gestión de los residuos, los programas de parques naturales y de reforestación o la gestión del agua.
Otros estudios, como los de la consultora Fast Future, entre otras, citan como fuentes de empleo a actividades que van desde las energías renovables –eólica, solar y biomasa – , la formación profesional o la publicidad en internet hasta la agricultura ecológica, la agricultura hidropónica o los servicios relacionados con la salud. Sin olvidar el mundo de la investigación en las nuevas tecnologías: biotecnología, nanotecnología y tecnologías de la información y comunicación. Muchas de estas medidas figuraban en la Ley de Economía Sostenible, aprobada por el consejo de ministros del gobierno Zapatero en noviembre del 2009, que fue finalmente aprobada por el Congreso en febrero del 2011. Pero muy pocas llegaron a aplicarse.
¿Por qué no se actúa con decisión sobre algunos de estos yacimientos? ¿Por falta de dinero? Mientras, el Banco Central Europeo (BCE) ha prestado un billón de euros a los bancos europeos con un 1 por ciento de interés a tres años, que han terminado depositados en el BCE o bien invertidos en títulos de deuda pública remunerados con un 45 por ciento, sin llegar a la economía real. Preferimos seguir pagando el subsidio de desempleo. O esperar que caiga el maná del Eurovegas.

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