Confundir libertad con incoherencia

José Villarta
Qué más da que esté un poco raro, profe, si usted lo entiende? ¡Qué rollo lo de la ortografía! Tampoco tiene tanta importancia. No me diga, cada uno puede decir lo que quiera, la poesía es subjetiva, no es un problema de matemáticas.” Malos tiempos no solo para la lírica, también para el pensamiento más elemental.
Es frecuente que el alumno confunda libertad con incoherencia o creatividad con escribir nada desde la nada, y no es un problema exclusivamente suyo: el ánimo debatista sin ningún suelo desde el que debatir, de ciertos discursos pedagógicos, o la idea del descubrimiento de verdades desde uno mismo cuando la mismidad no tiene armas conceptuales suficientes, han hecho mucho daño a la enseñanza.
La escritura tiene sus leyes, fija un texto, desde la ortografía a la gramática, y se convierte en un espejo donde nos refractamos: en los acentos, en las grafías, en las ideas, que tienen que ordenarse para poder entenderse.
El pensamiento, también las emociones y sentimientos, las tesis, los argumentos, encuentran en el texto escrito coherencia. El alfabeto del que disfrutamos, no puede manifestarse caóticamente. El universo de las letras correctamente escritas nos permite vislumbrar al otro que entiende la misma materia que nosotros leemos.
Pero es el momento de los mensajes balbuceantes de alta tecnología, también del homo videns que comenta Sartori; es el momento de la pérdida cada vez mayor de las capacidades cognitivas del símbolo que nos ayuda a entender el mundo, algo al menos.
No es el momento de la escritura de cartas, las hemos perdido y, en cierto modo, también hemos perdido al otro de la carta; la ortografía, la sintaxis, ¿para qué sirven en el mundo de los SMS? ¿En qué consiste la nueva comunicación que se traga al lenguaje, que economiza el tiempo necesario para encontrar la palabra adecuada? Balbuceo.
La formación del estudiante, la formación de todo ser humano, se nutre de signos y palabras que alguien ordenó en una trama cuidada y trabajosa para explicar algo de lo que hay, incluso para explicarse a sí mismo. La dificultad de expresión de muchos alumnos es la misma dificultad para entender un texto o las preguntas de un examen.
El balbuceo sintáctico o semántico, la duda de si será con b o con v, la duda, reiterada, la confusión, son impedimentos para encontrar la manera de articular ideas y sensaciones en un relato que les ayude en una época ya de por sí demasiado confusa y extraña. El adolescente adolece: en sus búsquedas y extravíos, sus emociones le desbordan, a veces ni siquiera las entiende, no sabe expresarlas, ordenar su ira o su insatisfacción, encontrar algunas palabras útiles en su vida.
No, no es fácil exprimir un texto y sacar a la luz sus ideas. La escritura es la textura necesaria sobre la que hay que trabajar. La superficie tiene que estar limpia, las letras deben permitir un viaje fácil, para luego poder desentrañar el esqueleto que articula los conceptos. Todo esto implica esfuerzo y paciencia, estudio y claves de interpretación. La pisada sin huella, el balbuceo, otra vez el balbuceo, nos llevan a la incapacidad de comprender algo, no hablemos de ejercer una actitud crítica mínimamente consistente.
Ricoeur decía que somos identidades narrativas, que nos vamos construyendo en una trama. La escritura de nuestra vida, la de nuestros alumnos, pasa por la misma idea de escritura, necesitamos la coherencia de un texto, aunque sea en parte ficticio, para sobrevivir. Necesitamos las palabras, el orden del lenguaje escrito para escribirnos, sin balbuceos.

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