Periodismo

Luis Fernández Zaurín
Hasta hoy he abordado el periodismo desde distintas vertientes: haciendo prácticas en una agencia de prensa, trabajando para un periódico como La Vanguardia, como freelancer para otros diarios y revistas, como consultor de prensa especializado en contenidos y por mi propia cuenta, lo que ha propiciado la publicación de algunos libros. Ello me ha llevado a conocer a profesionales de muy distinto nivel en ámbitos y países diferentes. A mi juicio, la corrupción más peligrosa para la información es la autocensura que facilita el sistema y los propios medios con la que uno al final se vuelve cómplice y por lo que, al final, se acaba pagando el correspondiente precio.
En América Latina he conocido periodistas que cobraban por dar un trato determinado a una fuente. También los he conocido que cobraban al interesado (persona o institución) por escribir sobre ellos, o sea, por hacer su trabajo. Aquí en España he visto alguna vez cosas que me han hecho sospechar: superiores que casi me obligaban a abandonar un tema o a orientarlo en una dirección determinada, en este caso favorable a instituciones o corporaciones muy poderosas sin motivo aparente… Hablo de sospechas porque, lamentablemente –y alguna vez me he arrepentido– nunca verifiqué esas conjeturas.
Volviendo a las pequeñas corruptelas no sé cómo habría que calificar el hecho de competir para ir a cubrir un acto determinado o no en función del generoso regalo que la empresa que organizaba la rueda de prensa o el evento ofrecía. O de la calidad del almuerzo, comida, merienda o cena que ofrecían… En todo caso y teniendo en cuenta los cambios que se están dando en la sociedad y en la profesión, mucho me temo que corromperse un poco por un buen almuerzo vaya a acabar por convertirse en plato de cada día, nunca mejor dicho.
Sniff.

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