Justo resentimiento

Carlos Eymar
«Mis resentimientos existen con el objeto de que el crimen adquiera realidad moral para el criminal». Estas palabras de Améry, que traen su causa en las torturas sufridas a manos de miembros de la Gestapo, son aplicables al caso Breivik y al caso Bolinaga. Poco a poco, en el Derecho Penal y Penitenciario, se ha ido abriendo paso la idea de una justicia restaurativa frente a otra puramente retribucionista, vindicativa o, incluso, rehabilitadora o resocializadora. Ahora bien, la restauración solo es posible concediendo a las víctimas un protagonismo en la aplicación y ejecución de la ley penal.
En el caso Breivik ha sido la presión de las víctimas la que ha llevado a que el juez garantice que el máximo legal, de 21 años de condena, sea prorrogable en función de la peligrosidad. En el caso de la excarcelación, por razones humanitarias, de un asesino y torturador como Bolinaga, debería haberse concedido mayor relevancia legal al criterio de sus víctimas. Incluso, como alguien ha sugerido, por razones de pedagogía social y de justicia anamnética, la concesión de la libertad condicional debería acompañarse de una difusión de las imágenes de Ortega Lara tras sus 562 días de secuestro en el zulo de ETA.
En cualquier caso, la concesión de la libertad condicional, habría de reducirse al ámbito de lo íntimo. Que el asesino sea jaleado como un héroe es una nueva ofensa a las víctimas. Que, al mismo tiempo, estas mismas víctimas sean tachadas de inhumanas por, salvo caso de agonía, oponerse a la libertad de su victimario, es una injusticia.

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