Noruega

Galo Juárez
Cuando un país aparece siempre entre los tres primeros países del mundo en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por Naciones Unidas, podemos deducir que las cosas funcionan.
Siempre que estoy en España de vacaciones y la gente se entera de que vivo en Noruega las dos preguntas que invariablemente aparecen son: ¿no te molesta el frío? ¿Y pagar tantos impuestos? Lo cierto es que no me molesta ni el supuesto mal tiempo ni pagar “tantos” impuestos.
En mi opinión la diferencia esencial entre pagar impuestos en un lugar u otro no responde tanto a cuánto se paga, sino cómo se utiliza el dinero que el Estado recauda y qué beneficios tiene para el conjunto de la sociedad, y por extensión para uno mismo. Con esta idea es con la que poco a poco he pasado de una visión de “vaya, mi retención es realmente alta” a “bueno, la verdad es que no es tanto”.
Pago cada mes un 36 por ciento de impuestos por rentas del trabajo al Estado noruego. Este porcentaje es el que se considera estándar. En un principio las tablas de retenciones fiscales pueden parecer un tanto caóticas, pero en la práctica se puede dividir en tres grandes grupos: las rentas más bajas pagan en torno a un 20 por ciento, las medias un 36 por ciento y las más altas un 50 por ciento. Hay que decir que las diferencias salariales en Noruega son mínimas, especialmente comparadas con las de España. Y también apuntar que llegar al 50 por ciento es relativamente fácil. ¿Pero en qué gasta el Estado todo este dinero?
La educación en Noruega es pública y gratuita. Apenas existen colegios privados y los pocos que hay son pequeños y suelen pertenecer a ramas religiosas muy conservadoras. Aparte de las escuelas, en las que gran parte del material se provee gratuitamente, hay servicios asociados de gran ayuda. En concreto existe la figura del SFO, profesores que fuera del horario escolar ofrecen a los alumnos actividades complementarias. Esto permite que los padres tengan una mayor flexibilidad horaria para poder compaginar trabajo y familia. El servicio no es gratuito ni obligatorio, ya que se considera una externalidad, pero el coste es relativamente bajo y tiene en consideración la situación económica de los padres. Una madre soltera pagará bastante menos que una familia en la que el padre y la madre trabajen.
En la misma línea la educación superior es gratuita. El Estado noruego ofrece préstamos a los estudiantes universitarios que lo deseen para poder costearse los estudios sin necesidad de trabajar e independientemente de los recursos familiares. Dichos préstamos son al 0 por ciento de interés, no se transmiten a posibles herederos y se pagan en función de la renta cuando el estudiante trabaje. Teniendo en cuenta la inflación y otros factores, se podría argumentar que de hecho el Estado paga a los estudiantes por estudiar.
La sanidad es también universal y en términos reales casi gratuita. El modelo que existe es similar al propuesto en España de copago. Tanto la visita al médico como algunos tratamientos no esenciales tienen un coste para el usuario. Por ejemplo, la visita al médico de cabecera cuesta en torno a los 15 euros (algo más que el precio de una cerveza en un bar) y a partir de ahí todo va en función de lo que establezca el médico. Los costes de pruebas y tratamientos prescritos por el médico de cabecera son gratuitos. Tratamientos secundarios pero también prescritos por el médico, como por ejemplo fisioterapia, tienen un coste máximo para el usuario que debe sufragar de su propio dinero, pero una vez llegado a ese máximo, durante el resto del año las sesiones siguientes las paga el Estado. Los medicamentos no son gratuitos, pero el Estado cubre gran parte.
Las prestaciones por desempleo están sujetas a que el parado busque trabajo de forma activa. No obstante, no tienen límite temporal y son relativamente generosas. Para poder acceder a ellas hay que haber cotizado con anterioridad, en una proporción mucho menor que la de, por ejemplo, España.
Además existen otro tipo de situaciones en las que el Estado se hace cargo. Si una persona recibe la baja médica, el Estado cubre una buena parte del coste a la empresa durante el tiempo que dure dicha baja. Las prestaciones por maternidad o paternidad son altas, y no hay distinción entre madre y padre ya que se establece el principio de igualdad entre ambos. Por regla general la baja por maternidad es de 9 meses con el 100 por ciento del sueldo o 12 meses con el 80 por ciento.
Aparte el Estado ayuda con la manutención de los hijos. Los padres reciben de parte del Estado el equivalente a unos 100 euros al mes por hijo hasta los 18 años. En casos más concretos la ayuda puede ser mucho más alta. Por ejemplo para una madre soltera que no trabaje: el Estado cubre la práctica totalidad de los costes.
El Estado de bienestar en Noruega provoca que las diferencias sociales sean prácticamente inexistentes, que los índices de criminalidad sean bajos, que las personas se sepan seguras en todos los ámbitos de sus vidas, que la participación en el ámbito social sea muy alta, o que haya personas que sigan vocaciones que en otros países serían impensables.
La gente valora el hecho de pagar impuestos. En Noruega la discusión es qué nuevo proyecto va a mejorar la vida de la sociedad en su conjunto. Ese es el espíritu que impera: que el nosotros prevalezca sobre el yo.

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