Un problema de desigualdad

Miren Etxezarreta
¿Estamos seguros de ello? En enfermedades muy graves o especiales ¿seguro que preferimos una clínica privada que los hospitales de la Seguridad Social? Depende mucho de lo que se entiende por calidad. Hace años, la calidad dependía de la sonrisa, pues en los servicios de salud privados el personal auxiliar sonreía más que en los servicios públicos. Ahora esto no sucede, pues el personal sanitario de los servicios públicos, a cualquier escala, es de lo más amable. En educación, muchas familias consideran que la enseñanza privada es mejor porque valoran casi exclusivamente la disciplina. Lo que ellas pretenden es que controlen a sus hijos, sin preocuparse mucho de lo que aprenden respecto a preparación para la vida. ¿Es mejor una escuela privada con una fuerte disciplina, sin margen para el compromiso personal, que una escuela pública donde les enseñan a gestionar los grados de libertad de los que disponen? ¿Cuántas veces el recurso a un colegio o universidad privados no es debido a motivos de estatus social más que a razones pedagógicas? Incluso en otros ámbitos, ¿son mejores los servicios de un notario, que cobra fuerte por sus servicios, que las oficinas públicas que registran acontecimientos importantes?
Los servicios públicos pueden funcionar bien o mal, exactamente igual que los servicios privados. Estamos tan deformados por un sistema social en que el eje principal es el dinero que tenemos la idea de que siempre es mejor lo que se paga. Lo que es un gran error.
Los servicios públicos a veces funcionan mal porque son insuficientes. Por ejemplo, las listas de espera en sanidad. Esto es debido a que no se realiza una adecuada dotación presupuestaria. Es un problema de distribución de recursos en la sociedad y es necesario exigir que las dotaciones sean suficientes. Vayamos al fondo: si en un país hay suficientes clínicas privadas para atender a los enfermos que acuden a la sanidad privada, ¿por qué nos dicen que no hay dinero para los servicios públicos? Todos, privados y públicos, dependen de la riqueza, de la producción del país. Si hay recursos –médicos, hospitales, medicinas– para lo privado, ¿por qué no hay para lo público?
Si un día cambiara el sistema económico y todos los hospitales o las escuelas pasaran a ser públicos, los recursos serían los mismos que ahora. No es problema el que no haya dinero, sino que se considera (y esto es un elemento social) que quienes pagan directamente (lo público se paga con impuestos) pueden utilizar más recursos y quienes utilizan los servicios colectivos tienen menos derechos. No es un problema de falta de recursos sino de desigualdad en el derecho a utilizar los recursos de la sociedad.
Una se pregunta si la escasez de provisión pública –sanidad, escuelas, servicios sociales– no es una razón para inducir a la población a que utilice los servicios privados y genere negocio para las empresas de estos servicios.
Si los servicios públicos no funcionan satisfactoriamente, no somos en parte responsables por no exigir que operen bien. Tenemos la obligación de exigir que funcionen adecuadamente. Tanto respecto a su funcionamiento concreto –son nuestros servicios y pagamos por ellos– como respecto a su dotación presupuestaria –¿por qué aceptamos los recortes en los servicios públicos?
Muy a menudo, la apatía, el respeto a lo existente, la pereza, porque reivindicar es incómodo, nos lleva a aceptar una situación inadecuada. Pero tenemos que reclamar y reivindicar los recursos necesarios. Es una responsabilidad social que no podemos olvidar.

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