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Jorge Aromando (Argentina)
América Latina muestra una realidad que resultaba difícil pronosticar a principios de la década. Junto con un entorno internacional favorable, la región experimentó subidas en el volumen de exportaciones y alzas en los precios de los principales productos de exportación, con mejoras en los términos de intercambio y una dinámica de endeudamiento decreciente.
El fenómeno del crecimiento latinoamericano coincidió con la recuperación significativa del valor de las materias primas y el boom se debió junto con los movimientos especulativos, al protagonismo creciente de las demandas de China que en los dos últimas décadas multiplicó por 20 sus importaciones de materias primas unidas a demandas similares de India, pero en menor proporción.
La región acusó los efectos de la crisis financiera global en sus niveles de actividad experimentando un retroceso de 1,9 por ciento del PIB global durante el 2009. Sin embargo, la mayoría de los países inició un proceso de recuperación que permitirá la expansión del PIB al 5,2 por ciento que, junto con Asia, se ubicará entre los más dinámicos a nivel mundial.
No obstante, la existencia de resultados que evidencian el logro de progresos importantes en sus metas, debemos señalar que son sujetas a críticas significativas.
En buena parte de América Latina la pobreza aparece condicionada más por la distribución que por el nivel agregado de los ingresos. Por ejemplo, el 22 por ciento de la población de Brasil vive por debajo del umbral de pobreza, pero al mismo tiempo el 10 por ciento más rico concentra el 48 por ciento de los ingresos del país.
La terapia a emplear no es simple y una agenda de desarrollo debería orientarse a favorecer condiciones de gobernabilidad y reducir la vulnerabilidad social. Lo primero demanda procurar el fortalecimiento institucional; lo segundo, exige avanzar en la corrección de las desigualdades sociales y sus efectos devastadores.
Pese a las mejoras registradas en los índices de pobreza, grandes sectores de la población continúan viviendo en condiciones de pobreza y marginalidad. ¿Por qué no beneficiaron los éxitos macroeconómicos a los sectores mayoritarios de la población? ¿Por qué no fue posible lograr una mayor reducción de la desigualdad?
Responder a estos interrogantes significará considerar el destino de más de 250 millones de ciudadanos que se encuentran actualmente en situación de pobreza e indigencia, representando esto último una asignatura pendiente de la dirigencia de América Latina.

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