Patrimonio de la Humanidad

Jordi Delás
Repaso las hombres y mujeres que tengo ingresadas en el Hospital de más de 90 años: 90, 93, 95, 97. No es una representación estadística, pero sí, una expresión de normalidad.
Hay una buena oferta de salud en nuestra población. De otra forma nuestros hospitales estarían ocupados por personas con muchos menos años. Traduce, también, una voluntad social. La atención de salud es algo muy valorado entre nosotros. La asistencia sanitaria en nuestro país es prácticamente universal y frente a problemas importantes, la respuesta, habitualmente es buena. Y el límite está en no tirar el dinero por la ventana, ni desarrollar actuaciones innecesarias. Patrón que debería estar presente en todas las áreas de atención a la población.
En pocos años ha aumentado una década el límite de la edad de nuestros ingresados.
Antaño los más veteranos se acercaban a los noventa, ahora se acercan a los cien y dentro de tres o cuatros años no será infrecuente tener ingresadas personas con edades de tres cifras.
Con lo que a nuestros pacientes de los pocos ochenta años les provocamos incredulidad al decirles, “ustedes que son jóvenes”. Con ochenta y pocos años, hay una excelente calidad de vida, si, como habitualmente se dice, las enfermedades nos han respetado.
El cambio ha estado en la modificación de circunstancias externas. Las infecciones que aún golpean y matan a personas jóvenes en otros continentes. Disminución de catástrofes naturales, accidentes laborales y de tráfico. Disfrutamos como nunca antes de años de paz y hemos de continuar erradicando la violencia. Con lo que sin interferencias vamos explorando el límite de nuestras células sin agresiones del exterior.
Los retos son las enfermedades evitables, las infecciones aún no curadas, mejorar el tratamiento de enfermedades crónicas, intervenciones quirúrgicas menos invalidantes, que han de llevar a más años, con mayor y mejor calidad de vida.
Del pragmatismo de las ciencias de la vida, a la variabilidad de las ciencias sociales. Los actuales límites de la edad laboral no tienen ninguna base biológica. Pactos sociales o políticos llevarán a fijar una una determinada edad de jubilación. Pero hay que considerarlo una prestación social. Hay que dejar sitio a otros, para que todo el mundo a lo largo de su vida tenga una determinada experiencia laboral.
Pero desde el punto de vista biológico, en las generaciones de más de 65 años hay un caudal de experiencia y conocimiento, auténtico Patrimonio de la Humanidad. Que no se puede malversar, infantilizar o incluso ridiculizar. Como si en una población se derrocaran absolutamente todos los edificios a partir de una determinada antigüedad. El comentario más cuerdo sería y sigue siendo depende.
Desde el punto de vista biológico, la recomendación es trabajar menos y tener una vida placentera y saludable en la juventud y madurez. Combinando, en porcentajes más parejos, trabajo y ocio, obligación y placer. Y se hace necesaria una gran reflexión de cómo utilizar los valores personales en la vejez y la ultravejez, en función de cada caso, cada persona. No por caritativa terapia ocupacional, sino por absoluta necesidad de la especie humana.

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