Enarbolamos el antiguo sueño

Pedro Casaldáliga (Brasil)
América Latina es mucha América: Brasil es América Latina, Haití también lo es y convencionalmente lo es todo el Caribe. Para responder honestamente a la pregunta de “¿por qué progresa América Latina?” se debe tener en consideración la diversidad de procesos y situaciones reales de esas varias naciones de “Nuestra América”, y se debe ponderar muy bien de qué progresos hablamos y para quién y a costa de qué.
La denominación “Nuestra América” es hace muchos años un pregón y un programa de nuestros Libertadores. Se trata de soñar con la América profunda, Patria de muchas patrias, muchos pueblos, muchas culturas, pero en cierta medida un largo proceso común de agresiones y de resistencia, de colonialismos e imperialismos y de liberación, de ensayos socialistas y de reaccionarias oligarquías. Esa América, esa sí, ha progresado en concienciación, en intercambio, en iniciativas y vivencias de integración continental, incluyendo, digo, las islas.
No hay duda que esa América está mejor hoy que ayer. Yo la vengo acompañando desde la década del 60 y ya muchas veces lo he confesado. Cuarenta años atrás mucha población indígena sobrevivía humillada e ignorada; mucho pueblo negro no podía gloriarse de su negritud. Hoy día los pueblos indígenas y el pueblo negro de Nuestra América son una presencia protagonista, culturalmente y políticamente. Nadie podía imaginar en la primera mitad del siglo pasado que un pastor de llamas, Evo Morales, iba a ser presidente de Bolivia. Yo recuerdo siempre también que esas décadas del 60, del 70, del 80, bajo las dictaduras militares, nos proporcionaron, por contrapartida, en las luchas, en el exilio, en el martirio, encuentros fraternos de integración latinoamericana, “todas las sangres todas”, todos los pueblos todos.
Hay más izquierda en América Latina, dentro de las variantes que la izquierda, siempre fácil a las subdivisiones, está viviendo en partidos, en gobiernos, en movilización. Pero América Latina está en el mundo globalizado y el capitalismo neoliberal continúa siendo el sistema del mundo. También aquí nos sentimos acosados por el neoliberalismo mientras intentamos introducir brechas, ensayos de alternatividad. Es Nuestra América la que viene promulgando más masivamente que “otro mundo es posible”, en los Foros Social Mundial, en la Vía Campesina, en las confederaciones indígenas, en la teología de la liberación, en el diálogo intercultural e interreligioso.
Hago dos constataciones, que tienen algo de utopía y mucho de verdad: Estados Unidos ya no puede considerarnos su “patio trasero”. Hay en toda Nuestra América un antimperialismo cada vez más inteligente y más práctico. Los FMI del diablo ya van siendo desnudados y frente al capitalismo depredador, segregacionista, consumista y sin alma, estamos enarbolando el antiguo sueño indígena del bien vivir una vida sanamente humana.

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