Lo decía el Génesis

Ferran Nonell Gregori
¿Cuál es el límite de la vida humana? ¿Podemos alargar la longevidad de la especie humana? Estas preguntas han sido planteadas por la prestigiosa revista Science en su 125 aniversario, que considera que son uno de los retos de la ciencia para los próximos 25 años.
A lo largo de la historia, se ha podido constatar un aumento progresivo en la esperanza de vida al nacer: de los 20 años en el neolítico, pasando por los 3045 años al inicio del siglo XX, hasta llegar a los 67,2 como media mundial actual. La evolución de la longevidad en España es espectacular: en 1901 la esperanza de vida era de 34 años, durante la guerra civil era de 50 años, en la década de los sesenta era de 70 años y en los ochenta se alcanzaron los 75 años. Las proyecciones demográficas señalan que en el año 2025 en España más de 8 millones de personas serán mayores de 65 años, y que la expectativa de vida en el momento de nacer será de 82 años, una de las más altas del mundo.
Actualmente, una de cada 10.000 personas de los países industrializados pasa de los 100 años. En 1997 falleció Louise Calment a la edad de 122 años y 164 días, convirtiéndose en la persona, con datos fehacientemente comprobados, más longeva que haya vivido nunca. Una consulta al libro Guinness de los récords nos ofrece más datos sobre personas que han sobrepasado los 110 años.
La respuesta a la cuestión sobre la máxima edad alcanzable en la especie humana se ha abordado desde diferentes vías. En primer lugar, se han analizado los casos de longevos famosos y de comunidades con longevidad elevada. Ello no ha sido fácil, ya que la veracidad de los datos no siempre se ha podido comprobar.
Un hecho que favorece llegar a viejo es el tener o haber tenido padres que hayan llegado a viejos, lo cual orienta a que la longevidad puede tener un fuerte componente hereditario. Por parte del Centro de Investigación Genómica de Barcelona, existe el proyecto de analizar el genoma de una española que falleció a los 112 años, en busca de las claves genéticas que favorecieron un buen estado de salud hasta tan avanzada edad.
Las cotas de longevidad más elevadas del mundo se encuentran en tres lugares de condiciones de vida similares: el valle del Hunza en Pakistán, la región de Abjasia en Georgia y el valle de Vilcabamba en Perú. Estas tres comunidades tienen varios rasgos en común: son zonas de gran altitud (en torno a los 2000 metros), con predominio de temperaturas bajas, ingesta baja en calorías (menos de 1200 al día) con apenas presencia de carne y de toxinas (café, tabaco, alcohol), actividad laboral adaptada a las propias posibilidades y, por último, con una organización social estable, que da una gran importancia al anciano (a mayor longevidad, más importante es el papel social). Así pues, existe un importante componente ambiental.
A nivel celular, los límites de la vida humana vienen explicados por los límites de la multiplicación de las células humanas (el llamado fenómeno de Hayflick) y a nivel molecular, por la teoría de los radicales libres (moléculas con electrones desapareados, producto de la respiración celular y con gran capacidad para dañar cualquier molécula biológica). La conclusión de todos estos estudios es que la vida humana tiene, como límite biológico, los 120 años. Llegar a esta cifra dependerá de los factores descritos más arriba (hereditarios y ambientales), así como de factores geopolíticos (medidas de salud pública, desarrollo e implementación de vacunas, educación sanitaria de la población, adquisición de hábitos saludables, provisión de cuidados dirigidos a los ancianos, situaciones de conflicto bélico o la redistribución de recursos hídricos y alimentarios). Curiosamente, esta cifra coincide con lo que recoge el capítulo 6, versículo 3, del Génesis: “Y dijo Jehová: no contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.
De todos modos, a la pregunta sobre si viviremos más, deberíamos añadir: ¿cómo viviremos?

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