No es un parque, es un zoo

Juan-​José López Burniol
La economía española sufre las consecuencias del desplome de un modelo de crecimiento basado en la construcción y de un endeudamiento exterior (privado) desorbitado. Es cierto, pero también lo es que la economía española ha mantenido dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) –desde el 2000– su cuota de mercados globales, a pesar del euro fuerte y de la competencia asiática. Además, no sólo exportamos “aperitivo y postre” (aceitunas, naranjas y frutos secos) y “sol y playa” (turismo); también vendemos productos químicos, automóviles, textiles, calzado, material de oficina e informático, máquinas, herramientas y servicios. Así, los servicios no turísticos (a empresas, ingeniería) que fueron el 11,7 de nuestras exportaciones de 2003 a 2005, han pasado a ser el 16,2 de 2003 a 2009, mientras que el turismo bajaba, en idénticos períodos, del 21,5 al 17,6 por ciento. Lo que es fruto de la modernización de la economía española, en capital humano e infraestructuras, tras la crisis de 19921994. Exportamos capitales y las cuentas de muchas empresas dependen de ingresos procedentes del exterior.
España no es, por tanto, un parque de atracciones, diga lo que diga la prensa financiera anglosajona. Es un zoo con una fauna política y financiera de agárrate y no te menees.

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