La polémica de los soportes
El cambio no será inmediato

Luis Suñén
El 2012 es ahora mismo, y no parece que vayamos a leer de forma muy distinta a cómo hemos leído el año pasado o a cómo leeremos este. Se nos ha mareado con que el libro electrónico iba a ser el regalo estrella ya de varias navidades –incluso el ahorcado, converso a última hora, mencionaba con delectación la cuerda en su casa– y ha lucido lo justo. El entusiasmo de algunos por su llegada definitiva, por su imposición porque sí, se ha encontrado con una realidad tozuda que, además de creer todavía en las virtudes del libro tradicional, tampoco ve una oferta ni tan amplia ni tan ventajosa como para creer que le conviene el cambio de soporte.
Ya llegará el libro electrónico, qué duda cabe, pero sin eclipsar –ni de momento ni durante mucho tiempo después– al soporte tradicional en papel que, me parece, tiene todavía un recorrido largo y feliz aunque probablemente amparando un tipo de edición difícilmente pensable en otro soporte, esa que necesita de una lectura pausada y cuidadosa. Pero, en el otro lado, quien lee en el autobús, en el metro, un best seller que le durará mucho y que luego sustituirá por otro, no va a pasar así como así al libro electrónico, por la sencilla razón de que no le hacen falta las prestaciones que promete; le basta y le sobra con lo que tiene.
Respecto a los autores, editores y agentes literarios quizá estén empezando a pensar que el libro electrónico no es la bicoca que creían –hasta Andrew Wylie, el más poderoso de los intermediarios, se lo está pensando – , pues se trata de un negocio difícil de controlar y fácil de piratear. Y en el que, además, los implicados españoles están dando señas de lentitud y pesadez, de verlas venir mientras muchos están de vuelta en un mundo en el que despistarse por un instante supone perderse para los restos.
Todo eso y más cosas conforman un panorama que irá cambiando, pero no de inmediato. Hay, claro, evoluciones paralelas que pueden hacer de catalizador de ese cambio, como la presencia del libro de texto digital –paralizada de momento a pasar de la promesa del presidente Zapatero de que ni un estudiante sin ordenador portátil, que hará que el negocio se resienta en los grandes grupos en los que aquel tiene un peso decisivo en la cuenta de resultados.
En cualquier caso, no olvidemos que somos una sociedad poco lectora, que el crecimiento de la industria editorial es prácticamente vegetativo, que hay mucha imaginación en algunos editores que creen en el papel, pero que no dominan el ámbito digital y mucha menos en otros que lo único que dominan es un mercado cuyo cambio les va a coger con el paso cambiado y que en cada congreso veraniego repiten las mismas fórmulas un año tras otro. Ah, y que el precio del papel no subirá este año aunque tampoco baje. Son pedazos de esa realidad a la que todavía no se ha comido lo que viene y que convendría analizar con cautela antes de brindar al sol.

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