PACIFISMO

Respuestas contra las armas

Arcadi Oliveres
El Ciervo aparece pocos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en un momento quizás no estrictamente pacifista pero en el que el “No más guerras” se hallaba en boca de casi todas las poblaciones. Fruto de esta situación serán el nacimiento de las Naciones Unidas en 1945 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 que intentan sentar las bases de una convivencia pacífica entre los pueblos. Un año después, en 1949 la Creación del Consejo de Europa, intenta avanzar en igual dirección en el continente en donde con más fuerza se habían vivido los actos bélicos de la I y II Guerra Mundial.
Tan solemnes declaraciones van a servir de bien poco. Estados Unidos, Unión Soviética y los socios de ambos, se enzarzarán en una política de bloques, generarán la proliferación nuclear y crearán dos amenazantes y agresivas alianzas militares (OTAN y Tratado de Varsovia) cuya finalidad no es tanto la de defenderse frente a los ataques del bloque rival sino más bien mantener el dominio político y económico sobre los respectivos países miembros. Al margen de lo dicho, las guerras coloniales, las acciones bélicas por recursos, y las intervenciones armadas en conflictos identitarios, jalonarán seis décadas de paz inexistente.
No es de extrañar que en estas circunstancias, aparezcan pronto y bajo el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki propuestas para el desarme nuclear, con fuerte impacto primero en Gran Bretaña, mediante la Campaing for Nuclear Disarmament (CND) y a nivel europeo con la European Nuclear Disarmament (END). Otras iniciativas contemplarán la necesaria desaparición de las armas químicas y bacteriológicas e incluso se producirá en 1986 una bien interesante propuesta de desarme multilateral y gradual, elaborada por Alva Myrdal, que mereció con ello el Premio Nobel de la Paz. En los años siguientes se irán concretando rechazos a tipos concretos de armamento como pueden ser los euromisiles, las minas antipersona o las bombas de racimo, las armas no letales, o, en un sentido más amplio, las bases militares.
Las propias guerras han sido lógicamente origen de acciones pacifistas que entendían que ninguna de ellas podía ser justa. La espectacularidad de las manifestaciones en contra de la invasión de Irak por parte de tropas aliadas de distintos países puede ser el botón de muestra de actuaciones que también se han producido, entre otros, al respecto de Afganistán, Palestina, la antigua Yugoslavia y que encuentran su referente base en la Guerra de Vietnam. Precisamente aquí aparece una opción que se irá repitiendo en el tiempo: la de los tribunales de opinión de los que el Russell constituye el ejemplo pionero.
El papel de los ejércitos vendrá siendo otro de los puntos neurálgicos del movimiento pacifista. El servicio militar obligatorio dará lugar a una de sus facetas más interesantes y militantes. Miles y miles de personas en el mundo serán encarceladas por negarse a empuñar las armas: objetores de conciencia, insumisos y desertores devienen el más loable símbolo de rechazo a las guerras. Igualmente la crítica a las legiones extranjeras, a las tropas mercenarias y más recientemente a la creación de empresas suministradoras de “servicios privados de defensa” irá actualizando este concepto que se verá complementado por la protesta frente a las alianzas militares. Recordemos en España el referente que, todavía hoy significa la campaña en contra de la incorporación y posterior permanencia en la OTAN.
El llamado ciclo armamentista ha generado múltiples rechazos que han animado bien justificadamente una parte de las acciones de carácter pacifista. La incongruencia de un gasto militar, que en la actualidad asciende a un billón y medio de dólares anuales y que, de acuerdo con las estimaciones de Naciones Unidas, permitiría anualmente la eliminación del hambre en el mundo unas 30 veces, supone un elemento a destacar. Pero igualmente lo supone la perversa investigación científica con finalidades bélicas, que hoy en día ocupa en el mundo a más de 500.000 personas. Del mismo modo, el comercio de armas, con una dinámica Norte-​Sur claramente definida, abre las puertas a los múltiples escándalos que se esconden detrás de cualquier guerra. Sin ir más lejos, y a título de ejemplo, la práctica totalidad de los fallecidos británicos en la Guerra de las Malvinas en 1982, fueron muertos por armas francesas vendidas previamente a Argentina. Múltiples campañas han intentado limitar este comercio y/​o prohibirlo, pero siempre se han encontrado con la acción burladora de las empresas, realizada frecuentemente con el beneplácito de los gobiernos.
El movimiento pacifista ha procurado responder al impulso del ciclo armamentista, mediante distintas formas de objeción de conciencia que amplían el concepto antes citado. La llamada objeción fiscal, negándose a pagar en el impuesto sobre la renta el porcentaje que corresponde a los gastos de defensa en el presupuesto estatal, abonándolo en cambio a alguna finalidad social constituye un elemento muy extendido de un modo particular, en los países anglosajones. Asimismo las objeciones laboral y científica entrarían en este ámbito al igual que la financiera que consiste en rechazar la inversión dineraria en bancos o entidades de ahorro que posean intereses en el sector de las armas.
Aunque minoritaria, la negociación en los conflictos y la intervención en el post-​conflicto, también ha interesado al pacifismo que se ha esforzado especialmente en ayudar a crear las condiciones de diálogo y en la protección de los derechos de las víctimas de la guerra. De modo similar, la educación para la paz, sorprendentemente atacada en salones de la enseñanza que admiten a pabellones militares y policiales, ha resultado ser un ámbito imprescindible de trabajo frente al dominio de la violencia en los medios de comunicación, en los juguetes bélicos y en algunas producciones informáticas. Como contrapunto, música y otras formulaciones artísticas vienen formulando propuestas de contenidos educativos y pacifistas.
Apartado fundamental en el pacifismo lo han aportado las corrientes no-​violentas, inspiradas en las posiciones gandhianas y que en la Europa de la post-​guerra recibieron un fuerte impulso gracias a las acciones de personajes como Lanza del Vasto en Europa y en América con Martin Luther King. En el caso español no violencia, objeción de conciencia y movimientos de inspiración cristiana, bien apoyados por la encíclica Pacem in Terris publicada por el papa Juan XXIII en 1963, sentaron las bases en las que se sustenta el actual modelo pacifista.
Como referencia final vale la pena señalar que el Bureau International de la Paix (BIP) y la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) constituyen a nivel mundial los mejores símbolos de un trabajo imprescindible frente a los actuales propuestas de violencia armada formuladas para hacer frente a los supuestos riesgos y amenazas (lucha antiterrorista, abastecimiento de materias primeras, insurrección de los marginados, etc.) de la que los poderosos de la Tierra dicen querer defenderse.

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