Uno cada día

Antonio Plasencia Monleon
Sobre todo no lo leáis con prisa. No tengáis ganas de llegar pronto al final del libro, aunque cada uno de los editoriales os deje admirados y os dé ganas de pasar al siguiente. Leedlos con calma. Apreciad el contenido de cada uno. Esto es lo que, al menos yo, estoy haciendo: cada día uno o dos editoriales, pero no más. Me parece que así puedo valorar mejor cuanto decían y nos dicen.
Suscriptor de la revista desde tiempos ya lejanos, y siempre lector de la totalidad de su contenido, los había ya leído y meditado. Ahora, con el paso del tiempo, me dejan con la reflexión y la admiración por la importancia que realmente tuvo todo cuanto nos iba Lorenzo diciendo en cada uno de sus editoriales.
Los que éramos más o menos jóvenes en el momento de su publicación, quizás no podíamos apreciar el valor exacto de la intención de las palabras entonces utilizadas, y que habían sido pensadas en búsqueda del equilibrio necesario para que la censura no pudiese cambiarlas o suprimirlas.
Estoy ahora leyendo el editorial de febrero del 1981, cuando el golpe de Tejero. Y, ojeando el índice del libro, me doy cuenta de que debo continuar utilizando el mismo sistema de lectura. Así me durará más el buen sabor de su contenido y la posibilidad de ir meditando sobre esta fase reciente de nuestra historia.
No podremos agradecer ya nunca a Lorenzo haberlos escrito, aunque ya estuviese entonces nuestro agradecimiento implícito en la fidelidad a la revista que él creó y dirigió. Pero sí que debemos agradecer a Rosario Bofill y a todo el actual equipo de El Ciervo, que hayan tenido la buenísima idea de reunir tales editoriales y de darnos de nuevo la posibilidad de leerlos, apreciarlos y admirar a su autor.
Insisto en mi consejo: sobre todo, leedlos con calma y sin prisas para llegar pronto a su final.

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