Proyectos a corto plazo

Ignacio Bosque
Al cumplir 60 años se siente cierta desazón. Siempre sienta mal cumplirlos, desde luego, pero sienta mucho peor cambiar de primer dígito. Se ha dicho muchas veces que las aptitudes físicas que uno va perdiendo se van compensando con la capacidad de discernimiento y de comprensión que se gana conforme se van cumpliendo años. Yo añadiría que a los 60 te das cuenta de que sabes identificar bastante bien las cosas que no entiendes. Cuando tienes 25, no solo no comprendes nada, sino que crees que lo comprendes todo, que es mucho peor.
A lo largo de estos años he hecho, sin duda, mucho menos de lo que quizás podría haber hecho, pero también bastante más de lo que pensaba que podía hacer cuando tenía 20 años. No creo mucho en las vidas planificadas. Las oportunidades te van saliendo al encuentro y las aprovechas o no. Yo no he aprovechado todas las que han salido a mi encuentro, es verdad, pero sí unas cuantas. El resto es trabajo, curiosidad e interés por las cosas, un poco de imaginación y otro poco de organización.
Cuando cumples 60 años no puedes hacer proyectos a largo plazo (el último que he coordinado ha durado once). Tengo muy claro que, si me embarco en otros, les pondré un plazo corto. Por otra parte, a esta edad te das perfecta cuenta de lo mucho que has dejado de hacer fuera de tu especialidad: libros (sobre todo no profesionales) que no has leído, músicas que no has oído, lugares interesantes que no has visitado. La especialización es hoy en día una necesidad absoluta, pero no es menos cierto que el tiempo que dedicas a bajar a ese pozo sin fondo es también el tiempo que no dedicas a otras tareas. Creo que a partir de ahora bajaré menos metros, pero quizá a más pozos.

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