Qué aprendí de Díez-​Alegría
Última conversación

Juan Antonio Delgado de la Rosa
Quiero resaltar mi conversación en torno a un caluroso 29 de agosto de 2009, en la Residencia de jesuitas de Alcalá de Henares. Lo primero que me explica y quiere recordar son las continuas dificultades que ha tenido con sus superiores por encontrarse abierto a la izquierda y comprensivo con soluciones socialistas que no sean inhumanas (me afirma sin ambigüedad que un sacerdote de ninguna manera debe ser anticomunista). Su aliento débil de vida quiere seguir en el horizonte de permanecer creyendo en la esperanza. Pero que quede claro, afirma Díez-​Alegría, “que nunca me he considerado un inspirado, pero siempre me he mantenido en una teología ecuménica y en cuanto al derecho, internacionalista”.
En mi segunda visita, a la habitación número 6 de la Residencia de Alcalá de Henares, con un mayor frescor, dado que era el 12 de septiembre de 2009, por la mañana. Me recuerda que un modelo y referente en la Iglesia y en la sociedad para él ha sido el papa Juan Pablo I, cuyo padre era obrero, que fue a trabajar a Alemania; huía del centralismo dirigista y dogmático, no lo quería porque exigía un capital enorme que llega a coincidir con el capitalismo. Esto para Díez-​Alegría es de una fuerza enorme porque quería hacer la Iglesia más pobre, más dialogante, más libre de ideas y debates. Me despide con un abrazo donde manifiesta su alegría y agradecimiento por esta tesis doctoral, y yo no dejo de pensar: “Yo también, todavía creo en la esperanza”.

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