Todas las religiones son respetables
Formas de vida

Carles Salazar i Carrasco
Nadie cuestionaría el principio de que todas las religiones son respetables, principio que parece deducirse de la máxima más general que nos impele a respetar todas las opiniones. Sin embargo, no queda claro qué conlleva exactamente ese principio. ¿Significa acaso que a todas las religiones debe otorgarse el mismo valor? Las religiones a menudo se contradicen entre ellas, ¿cómo vamos a aceptar simultáneamente proposiciones contradictorias? El filósofo Daniel Dennett, conocido por su ateísmo militante, dijo en una ocasión que no se oponía a la enseñanza de la religión en las escuelas, siempre que fuese la enseñanza de todas las religiones y no sólo una, como acostumbra a suceder.
Imaginemos que alguien plantea que todas las culturas son respetables por igual y que, por tanto, debemos enseñar todas las culturas en las escuelas. Ningún país del mundo dispondría de los recursos necesarios. Pero no sería únicamente un problema de recursos, sino de que nadie sabe exactamente qué significa “enseñar” una cultura en la escuela. Podemos describir culturas distintas de la nuestra e incluso intentar explicar por qué son como son. Pero las culturas, tal y como las definimos los antropólogos, no se enseñan en las escuelas ni en ningún otro sitio. Las culturas se aprenden con la vida, se viven. Porque las culturas no son teorías sobre esto o aquello sino formas de vida. La cuestión está en saber si podemos también pensar las religiones como formas de vida y no como teorías.
Muchas teorías sobre la realidad se apoyan en las religiones, algunas parecen incluso derivarse de ellas, como por ejemplo la teoría creacionista sobre el origen del ser humano y el universo. Pero reducir las religiones a teorías es la mejor manera de desacreditarlas. Por aquí iba precisamente la propuesta de Dennett. ¿Qué sentido puede tener aprender un montón de teorías que se contradicen entre sí y, peor aún, que contradicen con frecuencia los descubrimientos científicos más firmemente establecidos? Ninguno, si las consideramos justamente eso, teorías.
Pero si consideramos las religiones como formas de vida la situación cambia. Por supuesto que no todas las formas de vida humana son igualmente respetables. Pero muchas de ellas sí que lo son, aunque nos parezcan muy diferentes entre sí y mutuamente ininteligibles. Incluso de aquellas formas de vida que resultan ser las más crueles e inaceptables, podemos aprender aspectos fundamentales del ser y la experiencia humanos. Muy poco se aprende, en cambio, de una teoría falsa.
Pero nadie puede enseñarnos una cultura del mismo modo que nos enseñan una lengua o la teoría de la relatividad. Porque las culturas son la vida y sólo la vida puede enseñar la vida. Podemos enseñar y aprender a describir, a explicar y comparar formas de vida, también a apreciarlas o criticarlas, pero no podemos enseñar y aprender a vivirlas. Sólo podemos vivir nuestra propia vida, e intentar entender las de los demás.

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